jueves, 27 de noviembre de 2014

Mandar a leer al Papa

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Un columnista, hoy, manda al Papa Francisco a leer la encíclica Centesimus Annus promulgada por Juan Pablo II en mayo de 1991, justamente aquella en la que el sumo pontífice se refiere a lo que bautizó como ‘Capitalismo salvaje’. No pude menos que reírme.  El Papa Francisco no necesita que un capitalista (no me consta que sea salvaje o civilizado) de un país de tercer orden, como es el nuestro, lo mande a hacer sus deberes.

El articulista, quien debe haber leído bastante menos de lo que Francisco leyó en algún mes de sus años de estudios para llegar al sacerdocio, incluso le encarga al Papa que lea Un neoliberal llamado Jesús, libro cuya portada me provocó gran hilaridad cuando la vi hace años porque nos muestra a un Jesús demasiado parecido a un artista de cine, al que le mandaron a alborotar el pelo para que la cosa no se viera tan mal.

En este enlace, que nos lleva a un diario que no es de Guatemala, para que no se crea que hay prejuicio, se habla de aquella encíclica de Juan  Pablo II, santo ahora, pero no por apoyar el desastre al que nos ha conducido el capitalismo, glotón y ganoso al que no le importa que la carrera por hacer dinero nos tenga al borde de una desaparición superior a aquella que barrió con los dinosaurios y sus coetáneos.

Recomiendo leer la noticia de aquel 1991 para que no nos engañemos. Juan Pablo II no estaba entre los 85 más que millonarios del mundo que ganaban hace casi tres años, según contaba Forbes, un platal obsceno por cada hora.

Creo que esas ganancias ya sobrepasadas no se parecen en nada a lo que gana un campesino, un obrero, o lo que debería haber ganado desde hace meses algún empleado estatal, de esos que cuando protestan porque su familia pasa hambre, son acusados de terroristas. 

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